Más allá del calendario escolar: cómo se prepara la vuelta a clases en las escuelas agrotécnicas salesianas
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Argentina, 09 febrero de 2026.- En muchas escuelas, el inicio de clases ocurre el primer día del calendario escolar. En las escuelas agrotécnicas salesianas, en cambio, el comienzo del ciclo lectivo se construye mucho antes. Durante el verano, cuando las aulas tradicionales cierran, la vida educativa en zonas rurales continúa: hay estudiantes que siguen yendo a la escuela, docentes que acompañan, campos que se trabajan y comunidades que permanecen activas.
“No es que los chicos vuelven en marzo y arrancan de cero”, explica Graciela Ozipluk, Rectora del Instituto Agrotécnico Salesiano Pascual Gentilini en San José, Misiones. “Cuando empieza el año, la escuela ya está en marcha hace tiempo. Porque acá la escuela no se apaga”.
En esta escuela de Misiones, las guardias de verano forman parte de la propuesta educativa y curricular. Durante varias semanas, estudiantes de distintos años sostienen los sectores productivos de la escuela: tambo, huerta, vivero, granja, piscicultura y proyectos especiales. Acompañados por docentes y técnicos, los alumnos aprenden que los procesos productivos no se interrumpen y que la responsabilidad también se construye en el hacer cotidiano.
“Las guardias enseñan mucho más que contenidos técnicos”, señala Graciela. “Los chicos aprenden que esta es su casa, que hay que cuidarla, organizarse y hacerse cargo del otro. Eso también es educación”.
Los estudiantes de los últimos años asumen roles de liderazgo como jefes de guardia, organizando tareas, tomando decisiones y acompañando a los más chicos. Al mismo tiempo, el verano conserva espacios de descanso y disfrute. “Hay trabajo, pero también hay pileta, comidas compartidas, momentos de encuentro. La responsabilidad no está reñida con el disfrute”, aclara.
En Tierra del Fuego, el verano es el momento clave
En la Escuela Agrotécnica Salesiana - Casa Ntra. Sra de la Candelaria, en Río Grande, el verano coincide con el período más intenso de la producción. Por las condiciones climáticas del sur del país, es durante esos meses cuando el trabajo en el campo, los invernaderos y la industria alimentaria alcanza su mayor actividad.
“Nuestro mayor desafío educativo es enseñar que en Tierra del Fuego se pueden producir alimentos”, afirma Manuel Olleac, Coordinador de Pastoral de la institución. “Esto no es solo técnico: es cultural, social y profundamente educativo”.
Durante el verano, los estudiantes realizan prácticas profesionalizantes obligatorias, que forman parte de su trayectoria escolar. Se insertan en entornos reales de trabajo, tanto dentro de la escuela como en espacios externos conveniados, y acreditan horas que los preparan para el mundo laboral.
“Las prácticas no son una simulación”, explica Olleac. “Los chicos trabajan en un ambiente profesional real, donde lo que hacen tiene impacto. Eso construye saberes, y también compromiso y autoestima”.
Escuela, trabajo y comunidad
Más allá de lo productivo, hay algo que atraviesa todas las experiencias: la escuela como espacio de pertenencia. Muchos estudiantes pasan gran parte del año allí y construyen vínculos que exceden lo académico.
“Acá no vienen solo a cursar materias”, describe Graciela. “Vienen a vivir la escuela. Por eso suelen decir que entran siendo desconocidos y terminan siendo hermanos”.
Las familias también forman parte activa de ese entramado: participan de encuentros, celebraciones, visitas y actividades comunitarias. “La educación no es un acto individual”, señalan desde ambas instituciones. “Es un proceso que se sostiene en comunidad”.
Cuando el ciclo lectivo comienza formalmente en todo el país, en las escuelas agrotécnicas salesianas el camino ya está recorrido. Los equipos docentes llegan con planificación, pero también con un trabajo previo realizado en el campo, en los talleres y en la convivencia cotidiana con los estudiantes.
“El inicio de clases no es un punto de partida aislado”, resume Olleac. “Es la continuidad de una experiencia educativa que no se detiene, porque educar no es solo dar clases: es estar, acompañar y enseñar con la vida, incluso en verano”.

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